Entradas

Mostrando entradas de junio, 2010

Dolor loco...

Con las uñas arrancadas, los dedos sangrando, espejos rotos cuyos trozos centellean en el suelo, lágrimas que surcan tus mejillas, una pared con manchas de sangre y trozos amorfosde piel y uñas, sientes una pena inmensa que casi te impide respirar, la locura se adueña de tu mente, haces jirones tu ropa, te tumbas en el suelo, algunos cristales ya se han clavado en tu espalda y en tus piernas, pero para ti no es suficiente, tú quieres más y, con la mano temblorosa, has empezado a cortarte en los brazos, sangrando con fuerza, pero el dolor seguía sin ser suficiente para ti... Regocijándote en tu ya eterna soledad, has continuado, realizando más cortes, tu muerte ya se acerca velozmente y has comenzado a reírte histéricamente, has recibido a la muerte con un rictus de dolor e histeria, pero acompañadas de una mueca semejante a una sonrisa...

No, la culpa no es mía...

- Lo siento, creo que esto no es como pensaba, deberíamos alejarnos un tiempo. - ¿Qué? ¿Por qué? - Lo siento, algo entre nosotros se ha roto y enfriado. - Oh Dios, déjame... ¡Vete! - Perdóname, sabes que te quiero... - No, me has destrozado la vida, te odio. Dices fríamente, mientras tus uñas se clavan en la carne de tus manos, no sale sangre, estás tan fría que tus venas se han congelado ya, astillándose dentro de ti, tus ojos irradiarían odio y dolor, pero no les dejas, no quieres que el mundo vea tus sentimientos y te regocijas en tu soledad pensando que él ya nunca lo verá, nunca sentirá tu dolor, ni percibirá tu odio, tu muralla es tan fuerte que ni siquiera vio cariño, poco a poco su amor se enfrió, al contacto con tus manos, tu pensabas que él era lo suficientemente bueno como para verlo todo, él creía que tú no sentías lo mismo, con el tiempo, estuvo completamente seguro de ello, su corazón se marchitó, tú se lo marchitaste y soltó tu mano, porque ya no encontra...

Ojos vidriosos

La muerte se me aproxima, implacable, siento como mi mente desvaría, llevándome a los lugares más recónditos de la imaginación, pero luego siento a mi alma gritar de pavor, dice que no quiere irse, que ya está acostumbrada a este mundo de horror, pero la muerte responde: "Demasiado tarde, pequeña, ahora me perteneces, lo harás por siempre. Tu hora ha llegado". De su débil cuerpo, dos lágrimas de sangre cayeron, dando así su particular "adiós" al mundo, haciendo que las leves intermitencias que marcaban el ritmo de su corazón, pasasen a convertirse en una recta acompañada de un sordo pitido. A su lado, otra alma se sentía desnuda de felicidad, al ver cómo el ser que había creado, dejaba de existir, tocaba sus pálidas manos, anhelando una respuesta, cualquier signo de vida que impidiese otro desgarro en su corazón, que terminase de destrozarlo... Sus ojos delataban numerosas noches en vela, pero ahora carecían de esperanza, ahora eran dos pozos negros, que ya no ve...