No, la culpa no es mía...
- Lo siento, creo que esto no es como pensaba, deberíamos alejarnos un tiempo.
- ¿Qué? ¿Por qué?
- Lo siento, algo entre nosotros se ha roto y enfriado.
- Oh Dios, déjame... ¡Vete!
- Perdóname, sabes que te quiero...
- No, me has destrozado la vida, te odio.
Dices fríamente, mientras tus uñas se clavan en la carne de tus manos, no sale sangre, estás tan fría que tus venas se han congelado ya, astillándose dentro de ti, tus ojos irradiarían odio y dolor, pero no les dejas, no quieres que el mundo vea tus sentimientos y te regocijas en tu soledad pensando que él ya nunca lo verá, nunca sentirá tu dolor, ni percibirá tu odio, tu muralla es tan fuerte que ni siquiera vio cariño, poco a poco su amor se enfrió, al contacto con tus manos, tu pensabas que él era lo suficientemente bueno como para verlo todo, él creía que tú no sentías lo mismo, con el tiempo, estuvo completamente seguro de ello, su corazón se marchitó, tú se lo marchitaste y soltó tu mano, porque ya no encontraba nada que las mantuviese firmes...
Ahora te sientes herida, pero quien hizo daño primero has sido tú, has marchitado un corazón, has creado a otro ser frío por tu miedo a ser cálida y vulnerable, por tu miedo a que otro vea lo que sientes...
En tu casa lloras, en tu habitación, mientras todos duermen, te tapas con tu almohada y derramas lágrimas de amor, pero sigues sin pensar que la culpa es tuya...
Mujer de Hielo...
Comentarios
Publicar un comentario