Ojos vidriosos
La muerte se me aproxima, implacable, siento como mi mente desvaría, llevándome a los lugares más recónditos de la imaginación, pero luego siento a mi alma gritar de pavor, dice que no quiere irse, que ya está acostumbrada a este mundo de horror, pero la muerte responde: "Demasiado tarde, pequeña, ahora me perteneces, lo harás por siempre. Tu hora ha llegado".
De su débil cuerpo, dos lágrimas de sangre cayeron, dando así su particular "adiós" al mundo, haciendo que las leves intermitencias que marcaban el ritmo de su corazón, pasasen a convertirse en una recta acompañada de un sordo pitido. A su lado, otra alma se sentía desnuda de felicidad, al ver cómo el ser que había creado, dejaba de existir, tocaba sus pálidas manos, anhelando una respuesta, cualquier signo de vida que impidiese otro desgarro en su corazón, que terminase de destrozarlo... Sus ojos delataban numerosas noches en vela, pero ahora carecían de esperanza, ahora eran dos pozos negros, que ya no ven su lugar en el mundo, en un mundo sin su hija...
Un mundo sin la hija que se entregó a una insaciable Muerte.
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