Absurda depresión.

Odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia, odio, paranoia y más odio.

En un mismo ser habitan otros, otros que luchan por el poder, cada vez que alguno se quiere hacer con el poder, los otros llegan para destrozarle y hacerle débil, poco a poco, se destruyen todos, y el ser que les alberga cae en un profundo agujero de oscuridad casi absoluta, ojos apagados, cerebro en pausa, cuerpo en shock, una cama en la que se apoya, testigo mudo de una depresión absurda, testigo de un ser patético que no sabe qué es, cómo es, dónde se encuentra ni con quién.

Alguien le lanza una cuerda, pero está tan ciego que no puede verla, día tras día tira cuerdas, con la esperanza de que su mano llegue a aferrarse a una, pero ese ser no sólo está ciego, también está sordo y su tacto es nulo.

Se hunde cada vez más, poco a poco se pierde en el olvido, nadie lloraría su pérdida, la luz verde se torna oscura, las cuerdas desaparecen y el ser muere, solo.

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