La sombra de la Luna


Había sido un día despejado, pero a media que anochecía, nubes cubrieron el cielo. Robando la luz de una maravillosa superluna.
Dentro de un hogar clásico y bajo la luz de una débil vela, dos chicas en pijama se hallaban reunidas, contando inocentes historias para asustarse la una a la otra. Esa noche las habían dejado solas y querían aprovechar, pero les habían prohibido irse a dormir más tarde de la una de la madrugada.
Haciendo caso omiso a esa orden, siguieron jugando, con sus historias de miedo donde asesinos penetraban en hogares haciendo añicos a chicas delicadas y frágiles, como ellas, quizá.

Cuando llega la una de la madrugada, Ayaka dijo a Shiori:
--- Deberíamos irnos a dormir, se está haciendo tarde.
--- No, que no tengo sueño --- Dijo clavando su mirada en Ayaka --- y no quiero quedarme despierta mientras tú duermes con tranquilidad, ¿Qué tal si continuamos contando historias?
--- Pero yo tengo mucho sueño. --- Se le ilumina la mirada --- ¡Podríamos hacer una cosa! Podrías tomar una pastilla como las que toma mi madre para dormir, ¡Y así no habría problemas! ¿No?
--- Puede que no sea buena idea, Ayaka. --- Un estremecimiento recorrió su cuerpo, no sabía si se trataba de miedo o de que la había cogido el frío.
--- Vamos, Shiori, no pasará nada, no tienes por qué preocuparte --- Aunque lo ocultaba con absoluta perfección, en su interior había una amplia sonrisa, tenía curiosidad por provocar alucinaciones a su inocente amiga, por lo que trataría de convencerla para tomar las pastillas para dormir de su madre y, después, mantenerla despierta el tiempo suficiente como para que sufriese alucinaciones*.
--- Pero... ¿Y si me sientan mal o me ocurre algo? --- Dice casi rindiéndose --- ¿Me ayudarás?
--- ¡Claro que te ayudaría! Pero sé que no te pasará nada.
--- Está bien.

Minutos más tarde, ambas están ya en su cuarto y Ayaka empieza a charlar con Shiori animadamente, haciéndola hablar, reír, pensar y escuchar. Todo para que no pudiese dormir.
Ayaka fue sobresaltada por un grito, al mirar a Shiori vio en ella una expresión desencajada, sus ojos se hallaban desorbitados, su boca haciendo una mueca de miedo y terror. Con un rápido movimiento, se liberó de  la sábana y el edredón que la cubrían y se acercó a Shiori.
--- ¿Qué te ocurre? --- Dice sorprendida.
--- E-ese hombre, --- Susurra muerta de miedo --- e-el que está justo delante de mí.
--- ¿Qué hombre? ¡Aquí no hay nadie!
--- Pero yo lo veo, Ayaka, ¡Está ahí! ¿Por qué no lo ves? --- Viendo que ella no respondía creyó darse cuenta de lo que ocurría --- ¡Ya lo entiendo! Me estás gastando una broma fingiendo que no le ves, ¿Quién es?
--- ¡¡Pero si no veo nada!! ¿Cómo es?
--- ... --- Ayaka no responde, una voz jamás escuchada por ella comenzó a invadir su mente.
¿Por qué no dejas de preguntarle quién soy? Yo sólo existo ahí, en tu cabeza. Estaré ahí todo el tiempo que quiera mientras tú no aprendas a hacerme huir, tendrás que soportarme y, si quiero, mientras no me eches, puedo hacer que sufras, trastornarte e incluso hacer que mueras.

Ayaka, al escuchar esas palabras, resulta presa del pánico, comienza a gritar, intenta levantarse, pero un súbido mareo hace que pierda el equilibrio y caiga con la cabeza sobre la esquina de la mesa de noche que se encontraba junto a su cama, abriendo una herida en su cabeza. Mientras tanto, Shiori, asustada por lo que acaba de suceder, corre a su botiquín a por algo para poder limpiarla; cuando vuelve, Ayaka ya no está consciente. Shiori intenta despertarla, pero no responde. Se pone muy nerviosa y, violentamente, comienza a zarandearla.
--- Despierta, --- E histéricamente suplica --- ¡Por favor! ¡¡Despierta!!

En el momento en el que dos lágrimas empiezan a surcar el rostro de Shiori, los ojos de Ayaka comienzan a abrirse, y Shiori, presa de una súbita emoción, la abraza con fuerza. Al causar un ligero dolor del que Ayaka se queja débilmente, Shiori recuerda que tiene que hacerle unas pequeñas curas y Ayaka, por su parte, recuerda todo lo ocurrido y comienza a temblar de miedo.
--- ¡Eh1 No tiembles, ¡Ya ha pasado todo! No ha ocurrido nada, sólo te has hecho una herida que ahora limpiaré y taparé sin hacerte daño.
--- Pero... ¿Y él?
--- Sólo estaba en tu cabeza, no existe, Ayaka.
--- No puede no existir, yo le vi... --- Apesadumbrada --- Y le escuché... Tal y como te escucho ahora a ti, Shiori.
Mientras le hace las curas, Shiori, dulcemente, la tranquiliza. Cuando termina, la ayuda a acostarse con suavidad.

Una vez se duerme, Ayaka sufre pesadillas de todo tipo, desde asesinos con cuchillos a hombres con la voz que escuchó... Su última pesadilla es particularmente inquietante. Cuando se encuentra en un parque con niebla muy espesa, un hombre con ropajes negros y una capucha que no permite ver su rostro aparece delante de ella.
He vuelto, querida. Te prometo que no huirás de mí. Nunca podrás hacerlo. Nos veremos pronto, Ayaka.

Ayaka se despierta sobresaltada y rompe a llorar en silencio, sin saber qué hacer ni cómo librarse de la tristeza que la invade y el dolor de cabeza que la martillea.

Un año más tarde, cuando creía haber olvidado todo, habiendo roto su relación de amistad con Shiori, en un lugar de estudios nuevo y con mucho tiempo de por medio. Un médico descubrió en su cabeza un tumor cerebral maligno, que no podía ser operado, o ella moriría. Pese a los deseos de sus padres de que no se operase, decidió hacerlo. Antes de la operación se despidió de cada persona que había conocido, salvo de Shiori, pues no quería verla ni saber nada de ella.

En la operación, ocurrió lo esperado, Ayaka murió y, en sus últimos instantes, en su cabeza resonó una voz ya conocida... Y ahora es el turno de tu amiguita... Ayaka. Adiós...




 *Si se toma una pastilla fuerte y no se va en los 15 minutos a dormir, se corre el riesgo de sufrir alucinaciones. La fuente es mi propia experiencia, sufrí alucinaciones dos veces y, aunque no fueron horribles, me sentí un poco incómoda por ver cosas que no estaban ahí, aunque la primera vez fueron divertidas. Quizá algún día os cuente esas anécdotas, son graciosas xD

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