Un infierno disfrazado de realidad.


En un momento de debilidad, antes de lanzarse al vacío mientras el sol comienza a descender en un despejado cielo, decide pensar en todo el tiempo que ha sufrido humillaciones. En cada pesadilla que sufría cuando su reflejo se cruzaba con su mirada. Ella sabía que ya no estaba viva pero, de algún modo, su corazón todavía quería latir, empeñándose en llevarle la contraria a su razón, que ordenaba que parase. ¿En qué momento toda su realidad había cambiado tanto como para convertirse en algo totalmente diferente de lo que ella deseaba que fuese?

Sabía que su lucha contra sí misma y contra su cuerpo había comenzado años atrás, pero sólo con algunos alicientes logró convertirse en una lucha encarnizada que sólo podía conducir a un final, el suyo.

- Definitivamente, no quiero. 
- Sí quieres. - Susurra una voz en su cabeza-.
- No, no quiero. 
- Claro que sí. 
- No, estoy segura de que no. 
- ¿Estás segura? ¿Qué te hace pensar tal cosa? No podrías estar segura ni de tu nombre. Después de todo, es una simple etiqueta pegada en tu frente, al igual que todas las demás que has pegado tú misma a lo largo y ancho de ti. Cada etiqueta, cada pensamiento y cada sensación podrían ser un simple engaño de tu mente. Puede que tu mente esté enferma pero ello no implica que tú lo estés. 
- Todas esas etiquetas de las que me hablas son la absoluta realidad. De lo contrario, no estarían en las miradas de cada individuo que me rodea, no estarían marcadas en cada cicatriz de mis brazos, ni en cada costilla de mi abdomen, ni en mis piernas que nunca han querido obedecer a mis deseos.
- Sandeces, sabes que podrías estar por encima de eso, podrías estar por encima de cualquier cosa.
- Sólo quiero decir "Adiós". A cada instante, a cada una de las llamas que formaba el infierno en el que habitaba.
- No puedes...

Pero era demasiado tarde para hacer caso a esa voz que le hablaba desde lo más profundo de su corazón, que se hallaba comenzando a morir de miedo mientras ella se dejaba caer desde una altura desde que la supervivencia era sólo una triste ilusión hasta, finalmente, impactar brutalmente con la dura realidad de la muerte y el hormigón.


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